De Brian Eno a Spotify: la herencia del género
A mediados de los años 60, el Space Age Pop comenzó a perder popularidad. Con la invasión británica y la llegada de Motown, el público exigía autenticidad: bandas reales, letras con significado, rostros reconocibles. Los discos de mood music anónima y las fantasías exóticas ya no encajaban. Los compositores del género bajaron las baturas y, aparentemente, se retiraron. Pero como señala la historia del género en Lo Demás es Ruido, el Space Age Pop nunca murió realmente — simplemente mutó.
Antes de que el género se apagara completamente, el pianista de jazz Dick Hyman y la soprano Mary Mayo — graduada de Juilliard que se ganaba la vida grabando jingles — crearon lo que muchos consideran la obra maestra del Space Age: Moon Gas (1964). Entre los diez álbumes básicos del género, este disco ocupa un lugar de honor. A diferencia de otros discos del género donde los elementos jazzísticos y electrónicos coexistían incómodos, aquí la fusión era perfectamente orgánica. Hyman usó un Lowry organ, un ondioline, un andoline y un oscilador controlado por telégrafo. El guitarrista Vinnie Bell aportó equipamiento casero controlado por cuatro pedales de pie que generaba los ritmos más extraños del álbum. Mayo incluso aprendió portugués para interpretar el clásico de bossa nova Desafinado.
Lo que vino después fue la confirmación de que el Space Age Pop no había muerto — había mutado. Wendy Carlos llevó la tradición al Moog en Switched-On Bach (1968), legitimando la síntesis electrónica ante el público masivo. Kraftwerk adoptó los ritmos mecánicos y las texturas sintéticas que los laboratorios Philips habían explorado una década antes. Brian Eno tomó la idea fundacional de la mood music — música como ambiente — y la convirtió en teoría: su álbum Music for Airports (1978) es la Mood Music elevada a filosofía. El trip-hop de Massive Attack y Portishead en los 90 era, en esencia, jazz orquestal de posguerra pasado por samplers y cajas de ritmos. La influencia del género sobre la música psicodélica y sus herederos está bien documentada.
En los años 90, el género experimentó un revival activo. Bandas como Stereolab y Combustible Edison reivindicaron explícitamente el bachelor pad sound de Esquivel y Denny. Las reediciones de Juan García Esquivel en Bar/None Records lo convirtieron de curiosidad olvidada a visionario redescubierto — una generación entera de productores lo descubrió treinta años tarde.
Hoy, el legado del Space Age Pop está en todas partes si sabes dónde mirar. Está en las playlists de Spotify organizadas por género. Está en la producción de Radiohead, que sampleó a Pierre Henry de la Musique Concrète en Idioteque. Está en Björk, Air, y en la partitura de The White Lotus. Y está, de forma más directa, en cada productor que alguna vez ha usado un sintetizador, un loop de cinta, o ha puesto dos instrumentos en lados opuestos del campo estéreo. Como concluye Strange Currencies Music en su introducción al género, el Space Age Pop inventó la idea de que la música podía ser un ambiente, no una actuación. Esa idea cambió como escuchamos música hoy.
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